Los comedores de palabras , de Edimilson de Almeida Pereira, Texto original ( Os comedores de palavras) en portugués en: Os comedores de palavras <http://www.letras.ufmg.br/literafro/autores/11-textos-dos-autores/722-edimilson-de-almeida-pereira-os-comedores-de-palavras>
I. Presentación
¿Sabés qué es un “griot”? Es como son llamados, en África, los contadores de historias. Son considerados sabios muy importantes y respetados en la comunidad donde viven.
A través de sus narrativas ellos pasan de generación en generación las historias de sus pueblos.
En las aldeas africanas, era costumbre sentarse a la sombra de los árboles o alrededor de una fogata y ahí pasar horas y horas al hilo, oyendo historias del fantástico mundo africano transmitidas por estos viejos “griot”.
Este libro habla de un contador de historias. De un país distante donde los árboles hablan…de un chico triste...y de un tambor encantado...
II. Los comedores de palabras
En el distante país de los árboles que hablaban vivía un contador de historias que viajaba acompañado de su hijo. Juntos atravesaban ríos y montañas.
Por donde pasaban, el contador de historias tocaba su tambor y rápido historias nacían en su boca. Eran vivas como la serpiente de arco-íris.
Al final de las historias, el contador desafiaba a los oyentes:
Vine de muy lejos
para las tierras del señor rey.
Vencí al bicho silencio
y mis historias conté.
Todos aplaudían, ofreciendo regalos para el contador y su hijo. Un día, sin embargo, el Monstruo Engullidor de gentes se llevó al contador de historias. El chico se quedó triste, tan triste que su pelo se olvidó del sol y de la lluvia.
El chico estaba decepcionado por no saber historias como su padre. Hasta el tambor había adormecido. La tristeza era tan grande que el chico resolvió vivir en el País de los Bichos Comedores de Palabras. Allá, nadie le pediría que contara historias y él no sentiría vergüenza por no saberlas.
Después de mucho caminar, llegó a una casa cercada por árboles con ojos. Ahí vivía la Señora-que-vio-todo-en-este-mundo. Ella le preguntó: ¿Qué hacés tan lejos de tu tierra?
El chico le contó su viaje y la lucha de su padre con el Monstruo Engullidor de Gentes. También le contó sobre el tambor, que adormeció. Para distraer al chico, la Señora le dijo todo lo que había visto en el mundo. Él escuchó con atención. En seguida, quiso saber el camino para llegar al País de los Bichos Comedores de Palabras.
La señora le dijo:
-debés viajar hasta la casa del Señor-que-guarda-historias-en-la-cabeza. Él podrá ayudarte.
Así hizo el chico. Y le contó sus aventuras al Señor, que le recomendó:
-Quien puede ayudarte es la Señora-que-tiene-alegría-de-inventar-palabras.
Así hizo el niño. Y le narró sus aventuras a la señora, que le dijo:
-No deberías buscar el País de los Bichos Comedores de Palabras.
-Pero me siento triste, Señora. El tambor de mi padre se adormeció. No sé cómo hacerlo hablar para la felicidad de las personas.
La Señora no insistió, solamente le indicó:
-Precisás caminar siete noches de luna creciente para encontrar lo que buscás.
El chico le agradeció y partió. Después de siete lunas crecientes, avistó una tierra desierta. Su corazón se estremeció de miedo. Pero él avanzó. Llegando a un portón de hielo, fue detenido por varios bichos comedores de palabras. El más terrible de ellos dijo:
-Uhó... uhó... uhó.. Antes de entrar, debés decir quién sos. Después de comernos tus palabras, podrás pasear por nuestro jardín de silencios.
Entonces, el chico que vio todo en este mundo, que guarda historias en la cabeza y tiene alegría de inventar palabras comenzó a contar sus aventuras.
Los bichos comían...comían...comían palabras. Eran de todas las formas y de todos los colores. Los bichos no podían comer más. ¡Estaban llenos de palabras! Pero el chico continuaba creando historias. Por fin, los bichos gritaron:
-No podés entrar en nuestro país, porque sos capaz de contar más historias de las que somos capaces de comer…
El chico estaba triste nuevamente. No había lugar para él en el mundo. Caminó sin dirección hasta encontrar un viejo que cuidaba de los árboles al costado del camino. Le pidió agua y comida. El viejo dijo:
-Puedo darte lo que me pedís si a cambio me das este tambor.
-Sí, concordó el chico.
Y pasó las manos por el tambor para limpiar el polvo que se había juntado. Al mismo tiempo, empezó a contar cómo vio todo en este mundo y cómo venció a los bichos comedores de palabras.
Rápidamente las personas se unieron para escucharlo. El viejo, entonces, le dijo:
. – No puedo quedarme con el tambor. Sos un contador de historias y lo necesitás para alegrar a las personas.
El chico le agradeció contándole la historia de la princesa que se casó con el día. Y siguió adelante. Por donde pasaba, agradecía los regalos que recibía tocando su tambor. Todos se sentían felices por oír al chico que vio todo en este mundo y contaba historias vivas como la serpiente del arcoíris.